dimarts, 1 de juliol de 2008

Los buenos Hombres y las buenas Mujeres

Una cuestión de nombres; glosario

Se aclara aquí un poco, para empezar, la terminología referida al catarismo, pues comprender bien las palabras es siempre algo esencial para comprender lo que estas describen.

Albigeses. Uno de los diferentes nombres por los que son conocidos los cátaros, apelando a toda la comunidad sin implicar ninguna distinción en especial. El nombre procede de la ciudad y región occitana de Albi, donde las primeras investigaciones serias que hizo la Iglesia sobre la extensión de la herejía encontraron una gran presencia del catarismo. Considerada inicalmente como un gran focus de la secta, la ciudad pasó a dar nombre a los cátaros (cuando este término que se aplicaban ellos mismos aún no era bien conocido por las autoridades eclesiásticas).

Buenos hombres y buenas mujeres

Cátaros. Es el término más aceptado y habitual para referirse a esta secta occitana, pues era el nombre que los propios creyentes se daban a si mismos. "Cátaros" procede del griego katharoi, que significa "puros".

Creyentes o fieles.

Perfectos.

Puros.

Secta. Esta es una palabra cuyo significado hoy difiere bastante del que tenía en tiempos antiguos, y especialmente durante el medievo cuando era un vocablo muy usado por los estudiosos. Generalmente la historiografia medievalista actual emplea esta palabra en su significado medieval, y también aquí se hará, por lo que es interesante de explicar. Secta, pues, no tenía ninguna connotación negativa ni limitada, y sencillamente definía un pensamiento religioso que ofrecía una visión diferente de la religión de la que procedía. En el cristianismo medieval existía un amplio corpus de literatura dedicada a enumerar las sectas procedentes de la religión de Cristo (entre las que algunos autores colocaron el Islam en sus inicios, por ejemplo). La condición de secta no implicaba nada más, en principio, y era a través del estudio de su doctrina que se la consideraba más o menos aceptable, o incluso herejía (como es el caso del catarismo).


La fe cátara

Unas ideas pelegrinas

El catarismo es una concepción religiosa profundamente dualista, las raices de la cual deben buscarse mucho más atrás en el tiempo, en el maniqueísmo. Mani fue un filósofo sirio del siglo III dC de extraordinaria influencia que en su pensamiento se encargó de concretar en una única forma las principales corrientes religiosas de su tiempo. El maniqueismo era una síntesi de las doctrinas cristiana, zoroástrica, budista, gnóstica y helenística, y se caracterizaba esencialmente por una concepción absolutamente dualista del mundo. Los maniqueos fueron vorazmente perseguidos, pero su pensamiento enterró profundas raices en las religiones en las que se había basado, y en especial en el Cristianismo.

El dualismo maniqueo fue pues una influencia persistente en el pensmaiento cristiano posterior, encontrando por ejemplo en San Agustín a un gran estudioso del tema. En sus orígenes, el maniqueismo también incorporaba grandes elogios a la pobreza y la humildad, lo que resultaba muy atractivo e influyente entre los movimientos sectarios que se oponían a la institución eclesiástica romana. Así la pobreza y el dualismo, ambos de origen maniqueista, se convirtieron en características muy habituales de la sectas cristianas medievales. Paulicanos y bogomiles fueron dos de las sectas que más desarrollaron estos conceptos en sus doctrinas. En el caso de los bogomiles, su pensamiento encontró gran propagación en los balcanes y posteriormente en Europa central y occidental (hacia el siglo X). El espacio comprendido entre el sur de los territorios germánicos, el norte de Italia y la Occitania oriental se reveló muy propício a la consolidación de estos pensamientos sectarios por su gran dinamismo y alto desarrollo urbano y demográfico.

Mientras en el corazón del mundo cristiano la influencia maniqueista se consolidaba con gran efectividad la Iglesia de Roma vivía momentos de gran crisis. La corrupción del estamento eclesiástico era una polémica muy viva con la llegada del siglo XI, y es de hecho en estos momentos que la preocupación de la Curia la lleva a buscar una amplia reforma (la Reforma Gregoriana). El fracaso en gran medida de esta iniciativa incrementa aún más la animadversión hacia una Iglesia muy desprestigiada. En este mismo momento nacen las primeras órdenes mendicantes, franciscanos y dominicos, con su apelación a la pobreza del clero (ideas de clara influencia maniqueista y que producieron muchos enfrentamientos con los demás sectores de la Iglesia).

Todo este contexto facilita el nacimiento de muchas sectas cristianas de raiz maniqueista por los territorios mencionados, y asimismo afavorece su propagación entre un pueblo muy descontento con la Iglesia romana feudalizada. En los territorios del Llenguadoc, en Occitania, se produce así el génesis durante los siglos XI y XII de una secta que adquiriría una extraordinaria presencia en ese país, el catarismo. Emparentado con muchos otros movimientos de la misma época y de origenes comparables, el catarismo se convierte en una doctrina cristiana alternativa cuyas principales características son el dualismo absoluto y la abogación por la humildad.

Una religión dualista

Los rituales

El melhorament era un acto muy sencillo pero de gran importancia; con tres respetuosas inclinaciones el creyente demostraba su fe en el catarismo, así como la confianza y fidelidad hacia su preceptor, los puros y la iglesia cátara en conjunto. En su significado más estricto, con este ritual el creyente pedía ayuda a la fe y a sus representantes para ser capaz de mejorar (melhorament; mejoramiento), demostrando asimismo su voluntad de conseguirlo.

El aparellament era la confesión pública de los puros cátaros ante su obispo, que presenciaba la consecuente penitencia de los confesados.

El consolament era el único sagramento del catarismo, que se usaba como rito de iniciación de los creyentes, para ordenar puro un creyente y finalmente también como ritual último para cualquier cátaro antes de morir. El consolament previo a la muerte garantizaba, según la creencia cátara, que el creyente no vovlería a encarnarse en el mundo material, asegurándole el ascenso al Bien celestial. El gesto que representaba el ritual era una austera imposición de manos por parte del puro. La convenenza era un acuerdo con la iglesia cátara por el cual se garantizaba el consolament del creyente en caso de morir sin la presencia de un maestro o un puro que pudieran llevarlo a cabo (estaba especialmente dirigido a los hombres de armas, cuya muerte en combate era algo muy probable).

La endura era la elección pasiva de la muerte por parte de un creyente (tras recibir el consolament), en la cual se abandonaba de toda actividad y dejaba de alimentarse hasta encontrar el fin de su vida. La endura, de todos modos, solo se concedía a aquellos que por enfermedad o edad avanzada tenían la muerte cerca, y asimismo solo se admitia si el creyente la escogía serenamente como un tránsito místico (jamás si lo hacía por miedo o sufrimiento).